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La Plegaria de las diez de la noche



Uno de los historiadores y tradicionalistas más  renombrados de Arequipa es sin duda don Mariano Ambrosio Cateriano y Rivera,  presentamos una de sus  tradiciones la cual forma parte de su libro "Tradiciones de Arequipa  o  Recuerdos de antaño", titulada:

La Plegaria de las diez de la noche


    I

     De noble prosapia y elevada alcurnia, fue don Roque de la Quintana y Sotomayor, nacido en esta viña de Dios entre cortinas de damasco, pañales de batista y arrullado en cuna de las más doradas. 

    Como caballero de capuz y garnacha, rompía chupín y calzones de tisú, media de sarga, y charretera de oro. Comía tortas y pan pintado y remojaban su garganta las más deliciosas bebidas del reino.

    Empezaba a resbalar por su flamante barba el filo de la navaja, cuando sus amorosos y muy cristianos padres le daban el abrazo de despedida eterna, marchándose en paz de buena o de mala gana.

   A causa de este involuntario viaje, vióse el caballero de capuz, en un santi-amén, de dueño y señor de muchos esclavos, terruños y dineros.

  Aunque nacido de tan católicos progenitores y alimentado con la leche del buen ejemplo, no era don Roque de los que guardaban vigilias y témporas. Verdad es que no era tan moro que le faltasen del todo sus devociones, pues que sí las tenía, y muy fervientes, a los ojitos que pestañaban y a las muelas de Santa Apolonia.

  Faltaría primero la campana del alba que Sotomayor a sus devociones,contándose entre éstas la asistencia a cierta asociación piadosa o cofradía donde pasaba largas horas examinando si las muelas
de su santa devota, serían exactamente iguales por todos sus lados.

  No se hallaba en observancia por estos reinos, la real pragmática de don Alfonso el sabio, sobre las "TAFURERÍAS", porque don Roque en su cofradía pasaba las noches de "claro en claro" entregado a esa ocupación tan inocente como entretenida, sin que nada lo perturbara.

  No debió estar el de la Quintana iniciado en los misterios de arte ni le sería conocida la respetable autoridad del padre Toranzo, en tan importante materia. Lo que sí está fuera de toda duda es que tuvo en su calavera cierta protuberancia que el doctor Gall, por más que se quemó las cejas y despestañó, no pudo encontrar para colocarla en su craneología. 

  Andando los días y las noches y con ellas don Roque y sus devociones, ocurrióle un suceso memorable que es el alma y la sustancia de este, no tan largo cuanto maravilloso cuento.

                                                                         II

  Era 25 de diciembre del año 1 778, y Sotomayor hallábase aquel día apuradillo para responder a los diversos llamamientos que se le hacían.

  Mas don Roque no se atropella y se da tiempo para todo.

  Verticales caían los rayos del sol sobre la ardiente mollera del de chupín de tisú, cuando muy peripuesto y empingorotado, ajustando espuelas a su alazán o castaño (que en esto no están conrformes los cronistas), llegó en dos latigazos al alegre y hermoso bosque de los perales.

  Que allí saltó e hizo piruetas, ofreció protección a una dama y amparo a una doncella y bailó la zaranduela; por muy sabido se calla.

  Entre la luz de la tarde que pasaba y la de la luna que venía, llegó el galán a su casa, de vuelta de aquel paraisito perdido.

                                                                        III

  Antes que clamoreasen las campanas de las ocho, ya Sotomayor saludaba alegre y cortesmente a sus camaradas, los cuales al verle se llenaron de alegría y cuadrándose al momento se pusieron en son de combate. Principió el cañoneo al bolsillo del galante don Roque, luego el fuego graneado y la carga apresurada.

  Como a ese paso nadie llega a viejo, y como de donde se saca y no se pone de acabarse tiene, flaqueaban a gran prisa los acribillados bolsillos que muy embutidos de doblones llevó aquella noche el señor de la Quintana; y a la vuelta redonda de una hora, estaba mi hombre más limpio que lo estaría el día que vino al mundo.

  Aunque algún tanto amostazado de las pasadas que la ingratona suerte le jugaba sobre la limpia y bien estirada carpeta verde, bañándose en agua de rosas, confiado en que esa noche debía serle de muy felices aventuras pues así se lo decía el oráculo de la experiencia en esta regla que él tenía como muy segura:

                                                  "Si pierdes hoy en el juego,
                                                  tu dicha está en el amor".

                                                                      IV

  Apropincuábase la hora tan deseada por don Roque, la hora de la última cita, el "finis coronat" de aquel feliz y memorable día; y como preciaba de buen soldado, fue a esperarla en su puesto.

  No bien discurría por la calle, cuando se le ofrece una aventura tan inesperada como interesante.

 Una dama de talle esbelto y arrogante que arrastra crujidera seda y perfuma el aire con su aliento, se deja ver en el camino. Don Roque que no era gago, dijo para su chapín: "más vale pájaro en mano" y dejando a un lado cita, fuese en seguimiento de la elegante dama.


   En vano cruzó calles y torció esquinas con la velocidad de una ardillita. Su tentadora parecía haberse convertido en fantástica visión; y cuando más aligeraba el paso el de la media de sarga, le parecía estar más distante del objeto que seguía.

  Hacía como una hora que don Roque era, al parecer, el objeto de las burlas de la dama misteriosa cuando a la luz de la luna refulgente, alcanzó a verla inmóvil, cual una estatua, en la esquina del atrio de Santo Domingo. Creció entonces su agitación y voló a darle alcance a la que así lo llevaba al retortero.

  En muy pocos minutos cubrió la distancia que lo separaba de su perseguida, y así que estuvo muy cerca de ella, advirtió que continuaba andando con mucha lentitud en dirección a la puerta del convento. En efecto, luego que pisó sus umbrales, después de un fuerte crujido de los cerrojos y un estrépito espantoso, capaz de inspirar pavor al mismo don Juan sin miedo, abriéronse de par en par las puertas y entró la misteriosa dama, y, tras ella, Sotomayor. Entonces puesta de pie descubriendo su escondido rostro y con voz espantosa, dijo a don Roque que ya tocaba sus vestidos: "HOMBRE LIBERTINO, MIRA A QUIEN PERSIGUES". Don Roque alzó los ojos y vio a la mujer convertida en la imagen de la muerte y, al punto, desapareció.


  Sotomayor exánime cayó en tierra.

  En ese momento sonaban las diez de la noche en el reloj de la Catedral.

  Fray José Soria que bajaba a la sazón del coro, viendo abiertas de par en par las puertas del convento a una hora tan avanzada, quiso saber el motivo que para ello había y, al acercarse, tropezó con don Roque que yacía en el suelo. Túvolo por un cadáver, mas luego que conoció que estaba vivo,  porque respiraba, aunque con mucha lentitud, lo condujo a su celda después de cerrar las puertas del convento, donde pasó la noche suministrándole los auxilios que le fue posible.

  Al día siguiente comunicaba el de la Quintana, bajo secreto de confesión, a Fray José Soria, cuanto el lector sabe, y algo más que no le es permitido saber.

  En memoria tan extraordinario y terrible suceso, fundó don Roque una obra pía en una de sus casas del barrio denominado "el matadero", para que se tocase perpetuamente en Santo Domingo una plegaria a las diez de la noche, encargando a todo los que la oyesen, rezaren un padre nuestro por la conversión de los pecadores y los agonizantes. La plegaria se toca hasta ahora perpetuamente; lo que es el pater noster, no sé si habrá quien lo rece.

Iglesia de Santo Domingo 1930.

   Suceso tan espantoso, produjo una completa transformación en don Roque. No volvió a la cofradía, ni a recibir citas a las diez de la noche, ni siguió a damas misteriosas. Confesado y arrepentido de sus pasadas faltas, retiróse a buen vivir siguiendo el ejemploo de sus padres; y cada vez que oía las diez de la noche, temblaba como un azogado y se ponía a rezar el Miserere. 

La Batalla de Carmen Alto

Carmen Alto, vista desde el observatorio (Archivo de la Universidad de Harvard 1893).

La batalla de Carmen Alto se libró el 22 de julio de 1844 en las cercanías de Arequipa, en el Perú. Fue una de las más sangrientas batallas de la historia republicana peruana. Se dio en el marco de la revolución constitucionalista de 1843-1844. Los bandos en disputa fueron las fuerzas revolucionarias o constitucionalistas del general Ramón Castilla y las directoriales o gobiernistas del general Manuel Ignacio de Vivanco, entonces Supremo Director de la República. Triunfó Castilla, que puso así fin a la anarquía que reinaba en el país desde 1842 y entregó el poder a quien legítimamente le correspondía: el señor Manuel Menéndez.

Tras la muerte del presidente Agustín Gamarra en Bolivia en 1841, el Perú quedó sumido en la anarquía. Varios generales se disputaron el poder. Se sucedieron en el mando de la nación: Menéndez, Torrico, Vidal y Vivanco. Este último instauró un gobierno autoritario, que denominó el Directorio.

Mariscal, Don Ramón Castilla.

Los generales Domingo Nieto, Ramón Castilla y Manuel de Mendiburu se propusieron acabar con las guerras de facciones y restablecer el imperio de la Constitución de 1839. Encabezaron la “revolución constitucionalista”, que se inició en Tacna el 17 de mayo de 1843, y cuya meta era acabar con el gobierno de facto del Directorio encabezado por Vivanco y restablecer a la autoridad legítima, es decir, a Manuel Menéndez, el mismo que sucediera a Gamarra en 1841, en su calidad de presidente del Consejo de Estado (cargo equivalente a vicepresidente).

Las primeras victorias de los constitucionalistas sobre los vivanquistas fueron las siguientes:

El combate de Pachía, cerca de Tacna, el 29 de agosto de 1843 y
El combate de San Antonio, cerca de Moquegua, el 28 de octubre de ese mismo año.

Batalla de Ingavi


Los constitucionalistas dominaron todo el sur peruano, a excepción de Arequipa, que se mantuvo inquebrantable en su vivanquismo. Ramón Castilla, Domingo Nieto y José Félix Iguaín formaron en el Cuzco una Junta de Gobierno Provisorio (3 de septiembre de 1843), cuya presidencia asumió Nieto. Éste falleció poco después y lo reemplazó Castilla, quien así pasó a encabezar la revolución (17 de febrero de 1844).

Vivanco, viendo que se complicaba su situación, marchó hacia Arequipa, donde contaba con partidarios. Un episodio de esta guerra fue la llamada “Semana Magna”, en la que el prefecto de Lima Domingo Elías, hasta entonces leal a Vivanco, se alzó contra el Directorio y organizó la defensa de la capital ante la amenaza de las fuerzas vivanquistas comandadas por José Rufino Echenique, provenientes de Jauja (sierra central). Pero este ataque no se produjo porque Felipe Pardo y Aliaga logró convencer a Echenique que Vivanco y Castilla se preparaban para un encuentro definitivo cerca de Arequipa, y por lo tanto ya no tenía sentido atacar Lima.


Movimientos preliminares

Vivanco, que efectivamente se hallaba en Arequipa, ante la noticia de la defección de Elías quiso dimitir. Pero desistió ante los ruegos de la población arequipeña. Arequipa era adicta a su causa y se preparó para resistir el ataque de Castilla.

Castilla y Vivanco se habían conocido en Chile, donde formaron parte del grupo de los emigrados peruanos que se aliaron con los chilenos para combatir a la Confederación Perú-Boliviana. Ya de regreso en el Perú, tomaron caminos disímiles. Eran personalidades muy opuestas. Castilla era tosco y rudo, de educación elemental, mientras que Vivanco era fino y atildado, de formación ilustrada. Castilla se refería despectivamente a Vivanco, llamándole  "cadete de Cambray" refiriéndose a la atildada elegancia del caudillo limeño.

Manuel Ignacio de Vivanco

Castilla, reforzado con las fuerzas de Miguel de San Román, avanzó hacia Arequipa y llegó hasta Uchumayo, mientras que Vivanco bajó hasta Tiabaya. Castilla decidió entonces moverse por el flanco derecho del enemigo, pero las milicias locales estorbaron su avance, por lo que debió volver a Uchumayo. Vivanco, enterado del retroceso de Castilla, ordenó a sus tropas que ocuparan el pueblo y las alturas de Uchumayo. En esas posiciones permanecieron ambos ejércitos, intercambiando tiroteos durante 16 días.

Castilla empezó a sentir la carencia de víveres, pero esperó a que llegaran los refuerzos de José Félix Iguaín, que venían de Tacna. Ante ello, Vivanco ordenó a sus tropas que retrocedieran a Tiabaya, maniobra que aprovechó Iguaín para ocupar el pueblo de Uchumayo. Pero Castilla no quiso avanzar directamente cruzando el puente de Uchumayo, sino que atravesó el río más abajo, dirigiéndose hacia las pampas detrás de Cayma y, doblando a la derecha, ocupó la chacra de Tocrahuasi, que domina todo el pueblo de Cayma.

En la noche del 21 de julio de 1844 Castilla tomó nuevamente la ofensiva y avanzó sobre el flanco derecho de Vivanco, amaneciendo sobre Acequia Alta y Carmen Alto. Su ejército se dividía en cuatro brigadas:

La primera brigada, al mando del brigadier Agustín Lerzundi (Batallones Granaderos y Moquegua).
La segunda brigada, al mando del coronel Francisco García del Barco (Tarapacá y Guías).
La tercera brigada, a órdenes del coronel Luis La Puerta (Cuzco y Puno)
La cuarta brigada, a órdenes del coronel José Félix Iguaín (Nacionales de Tacna y de Moquegua y tres escuadrones).

Miguel de San Román.

Otros cuatro escuadrones estaban al mando del general Carlos Lagomarsino. La artillería, distribuida entre la segunda y tercera brigada, la dirigían los generales Lerzundi e Isidro Frisancho. Castilla asumió la dirección y nombró general en jefe a San Román y jefe de estado mayor a Frisancho.

Por su parte, Vivanco se situó en Cayma y estableció allí su línea, cediendo en esta parte la iniciativa al enemigo.


Escenario

El escenario donde se libró la batalla es una llanura (Tojrahuasi) que baja suavemente desde las faldas de la cordillera y termina en el pueblo de Carmen Alto, situado entre Cayma y Yanahuara. En dicha llanura se desplegó el ejército de Castilla, resguardado por los accidentes del terreno.

Desde Carmen Alto, hasta Cayma (donde se hallaban acantonados los vivanquistas) hay un descenso por andenes, más o menos extendido.

Carmen Alto es un pueblo tranquilo y rodeado de paisajes maravillosos, desde donde se divisa a distancia la ciudad de Arequipa y la verde campiña en torno.

Tojrahuasi en el año 2008 ,  al fondo la iglesia de Acequialta.


Antigua iglesia de Carmen Alto. (Colección M. Mancilla)


La batalla

Vivanco ordenó a los jefes de su vanguardia, Pezet y Lopera, que atacaran las posiciones de Castilla en Tocrahuasi. Pero pese a la energía que desplegaron en el ataque, los vivanquistas tuvieron que retirarse con numerosas bajas; el mismo Pezet (futuro presidente del Perú) resultó herido en la refriega.

A las 4:30 pm los vivanquistas reanudaron el ataque de manera sorpresiva, avanzando por los andenes. El fuego vivo que desataron sobre la línea castillista fue solo respondido por los nacionales de Tacna y Moquegua.

Ante la amenaza de un ataque general de los vivanquistas, Castilla se puso al frente del batallón Gamarra y contuvo al enemigo por largo tiempo. Luego entraron en su apoyo, los batallones Puno y Tarapacá (por el centro), y el de Granaderos (por la derecha). El arrojo de los castillistas, que contaban con el apoyo de un solo cañón montado en ese frente, logró contener a los vivanquistas, que ya habían avanzado bastante.

Vivanco, por lo accidentado del terreno, no podía hacer uso de su artillería y caballería, por lo que cometió el error de comprometer en la acción uno tras otro a sus ocho batallones de infantería, que sufrieron los estragos del fuego de los castillistas.


Este comportamiento  desafortunado  fue ironizado por un epitafio:

" El Supremo Director,
Que acabó en tumba fría
En la torre en que yacía,
De su ruina espectador,
Sólo pide por favor
Que en esta Suprema Silla,
La directoral gavilla
Tribute a su busto helado
Toda especie de alumbrado ,
Menos cera de Castilla ".

Torre de Cayma , Julio 22 de 1844.


Iglesia de Cayma. (Archivo fotográfico de la Universidad de Harvard 1893).

Diario el Deber 1950.

Finalmente, la segunda línea del ejército castillista (compuesta por los batallones Cuzco, Moquegua y Guías y las compañías de Pachía), entró en acción, junto con la caballería, que amenazó el flanco izquierdo de los vivanquistas. Como ya anochecía, los castillistas se dispusieron a obrar con rapidez. Pero Vivanco no esperó la caída de la noche y ordenó a sus tropas sobrevivientes abandonar el campo. Así se consumó la victoria de Castilla.

El deán Valdivia, historiador de las revoluciones de Arequipa, afirma que Vivanco, al momento de librarse la lucha, se hallaba ocupado tratando de descifrar la inscripción del año en que había sido fundida la campana de la torre de la iglesia de Cayma (1582), monumento de valor histórico. Fue en ese lapso que se libró la batalla de Carmen Alto. Cuando al fin decidió marchar al escenario de lucha, ya era muy tarde: sus batallones habían sido destrozados. Pero la versión vivanquista sostiene que Vivanco estaba en el campanario de esa iglesia para observar el campo de operaciones y que había dispuesto que la batalla se librara al día siguiente, pero la imprudencia de uno de sus oficiales, Lopera, precipitó la lucha.

La versión de Bassadre es que Vivanco miraba el reloj de la torre " Reloj preciado por su carácter histórico"  (Historia de la República del Perú  T. I  206).  La más confiable es la versión del Dea´n Valdivia ya que la historia no refiere que haya habido un reloj en alguna de las torres de la iglesia de Cayma.

Detalle del Plano Topográfico de Arequipa elaborado por Mariano Paz Soldán en el año 1865 en el que se muestra el escenario de la batalla de Carmen Alto al norte de la entonces Villa de Cayma.


Castilla suspendió la persecución contra los vivanquistas a las siete de la noche y su ejército se concentró en Challapampa, donde esperó que amaneciese para entrar a la ciudad.

Por su parte, Vivanco, que había llegado a las 5:45 pm a la plaza de Arequipa, con su caballería y algunos batallones dispersos, dejó parte de estas fuerzas en la plaza y con el resto pasó a Miraflores. En la ciudad reinaba la confusión; algunos se refugiaban en los monasterios y otros huían lejos.

A las 11 de la mañana del día siguiente, Castilla entró en la ciudad y envió al doctor Juan Manuel Polar y Carasas para que tratara con Vivanco, ofreciéndole garantías. Vivanco, que había acantonado a sus tropas en el panteón de la Apacheta, rechazó la oferta. Y en la noche de ese mismo día partió a todo galope hacia el puerto de Islay donde se embarcó en el vapor mercante Perú. Llegó al Callao el 27 de julio, siendo apresado por Domingo Elías y desterrado a los pocos días.


Domingo Elias

Castilla se mostró magnánimo con los derrotados y no aplicó ninguna represión. Los arequipeños, que habían apoyado fervorosamente a Vivanco (como lo harían también en 1856-1858), aceptaron el nuevo orden de cosas, en vista que su caudillo no demostraba interés en seguir la lucha y más bien fugara abandonando a sus tropas.

Según el doctro Francisco Mostajo, en uno de sus artículos  " con un contemporaneo de San Gil" refiere:

" ... que Castilla dejó escondidas tropas en una de las quebradas del chachani y aparentó huir hacia Piedra Piccho . Los vivanquistas lo persiguieron, pero aquel de repente volvió caras y los ataco , al mismo tiempo que las tropas que estaban escondidas cargaron por l aretaguardia . La derrota de Vivanco fue completa y Castilla entró triunfante a Arequipa , con banderas azules .... ".

Consecuencias

Vencedor en el campo de batalla, Castilla cumplió con restablecer la Constitución de 1839. En consecuencia, y tras breve interinato de Justo Figuerola, el presidente del Consejo de Estado Manuel Menéndez reasumió el mando supremo el 7 de octubre de 1844, con la misión de hacer el traspaso constitucional del poder, con este hecho Castilla victorioso dió una gran lección de civismo . La Patria le confirió el honroso título de "Soldado de la Ley".

Manuel Menéndez

Menéndez cumplió con llamar a elecciones populares para Presidente de la República. El vencedor fue Castilla, quien asumió el poder el 20 de abril de 1845. El gobierno de Castilla, que se prolongó hasta 1851, significó el comienzo de una etapa de calma institucional y la organización del Estado Peruano, luego de dos décadas de guerras y convulsiones intestinas.


En Tocrahuasi  doblaron las campanas,
al ver a la parda tierra manchada con la sangre de sus hijos.
Carmen Alto , la historia está manchada  con la sangre , 
no la queremos con la de nuestros hijos.

Para los valientes  una rosa, ofrenda luminosa ,
 y en la palidez del mármol, roto de dolor, 
dorar los nombres de los valientes.

Corrió la sangre, buscada germinar auroras , 
buscaba labrar el bien de la Patria, 
buscaba el imperio de la Ley.

Sin embargo hoy es peor que ayer,
el mundo desquisiado troncha la vida las veces que le viene en gana.
¡Señor! No más sangre fratricida.
¡Señor ! Que la luz de la razón iluminen todos los caminos.

¡Señor!  Que la sombra errante de Caín no vuelva a manchar la parda tierra de nuestros campos
¡Señor! los huertos amorosos que sembrastes en nuestros pechos que nunca se marchiten.
Con tu dulce rocío las sequís no habrá en nuestras almas.



Mural que se podía aún apreciar en Carmen Alto en 2008.


Actualmente en Carmen alto se ubica un pequeño monumento en su placita que nos recuerda este acontecimiento, esperemos que las autoridades puedan brindarle el valor que se merece a este rincón  histórico de nuestra Arequipa.

Monumento a la batalla de Carmen Alto.





Basadre Grohmann, Jorge: Historia de la República del Perú (1822 - 1933), Tomo 4. Editada por la Empresa Editora El Comercio S. A. Lima, 2005. 
Tauro del Pino, Alberto: Enciclopedia Ilustrada del Perú. Tercera Edición. Tomo 4. CAN/CHO. Lima.
Félix Gallegos Rosado: Cayma  Historia Tradición y Cultura. 2002

Vargas Ugarte, Rubén: Historia General del Perú. Octavo Tomo: La República (1833-1843) y Noveno Tomo: La República (1844-1879). Primera Edición. Editor Carlos Milla Batres. Lima, Perú, 1971.
Varios autores: Historia general de los peruanos. Tomo 3. Primera Independencia Nacional y Revolución Peruana. Con el auspicio del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas. Impreso en Talleres Gráficos de Iberia S.A. Lima, agosto de 1973.



El Hospital Goyeneche



El Ilustrísimo Arzobispo de Lima y Obispo de Arequipa Don José de Sebastián de Goyeneche y Barreda, falleció en 1873, dejando una donación consistente en 150,000 pesetas para la construcción de un Hospital en el Departamento de Arequipa, el mismo que debería ser entregado para su conducción y Administración a la Junta de Beneficencia, Corporación o Entidad que estuviera a cargo de los establecimientos de Piedad.

Debido a la guerra del Pacífico la obra no pudo empezarse oportunamente, el Gobierno tomó el legado del Arzobispo para cancelar los gastos de dicho episodio. Posteriormente gestiones de la Beneficencia Pública de Arequipa, lograron que el Estado reconozca la deuda y los Duques de Gamio y de Goyeneche, el Conde de Huaqui y Don José Sebastián de Goyeneche y Gamio incrementaron la donación facilitando el cumplimiento del deseo del Arzobispo. 

Don José Sebastián de Goyeneche y Barreda

El arzobispo Goyeneche y apuntes para la historia . Rada y Gamio, Pedro Jose , 1871-1938.

El Señor Presidente de la República Don José Pardo y Aliaga colocó la primera piedra el día primero de julio de 1905, iniciándose las obras con toda actividad  en el Hospital con el nombre de Nuestra Señora del Consuelo, en octubre de 1906.

Colocación de la primera piedra el 5 de julio de  1905. Revista "Actualidades". 
Ceremonia que se realizó en la "Chacra Calulo" , lugar donde se edifico el Hospital, y donde se colocó un vistoso tabladillo de madera. "Diario el Deber 5 de Julio de 1905".
Cabe señalar que el mismo día también se realizó la colocación de la primera piedra de la Cárcel Central de Arequipa.

El arzobispo Goyeneche y apuntes para la historia. Rada y Gamio, Pedro Jose , 1871-1938.

El primer plano con el que debía levantarse el Hospital fue obra de los notables ingenieros franceses, Gaillard y Ponsot , pero como era preciso adaptarlo a las condiciones y necesidades de Arequipa el competente ingeniero arequipeño Pedro E. Paulet Mostajo fue quién hizó esas reformas consultando las exigencias locales.


Planos del Proyecto inicial del Hospital Goyeneche, Revista "Actualidades" 1905.

La ubicación del edifico corrió bajo la dirección del hábil ingeniero Julio A. Arce, mientras que los trabajos de manpostería estuvieron bajo la dirección del arquitecto Manuel Cuba, en todos los trabajos tuvieron la participación de 200 operarios. Posteriormente don Felix Casapía  tuvo a bien administrar los trabajos de culminación del Hospital.




Tanto la construcción de los techos como la preparación del cemento estuvieron encomendados al arquitecto italiano don José C. Vialardi. La dirección general de las obras y la supervigilancia d  las mismas las realizó el representante d ela familia goyeneche, el señor J. A. L. de Vivanco.




Ilustraciones en : Peru to-day. V.3 NO.1-12 1911-12


El excelentísimo señor Conde de Guaqui Sr. Juan Mariano de Goyeneche y Barreda y las señoritas Carmen duquesa de Gamio y María Josefa de Goyeneche cumplieron la voluntad del  Arzobispo José Sebastian de Goyeneche y Barreda.

Juan Mariano de Goyeneche y Gamio, III conde de Guaqui, con uniforme de caballero de la Orden de Santiago.

El arzobispo Goyeneche y apuntes para la historia ... v.2. Rada y Gamio, Pedro Jose , 1871-1938.

El arzobispo Goyeneche y apuntes para la historia . Rada y Gamio, Pedro Jose , 1871-1938.

Siete años demoró la construcción de los 37,822 m2 con 17,178 m2 de magníficas áreas verdes. Arquitectura horizontal de estilo gótico, de sillar y techos encofrados. 

La inauguración fue durante la mañana de aquel 11 de febrero de 1912, teniendo como padrino al Papa Pío X, y bajo la advocación de la milagrosa imagen del Cristo Pobre, Patrón del Hospital, que se veneraba en la magnífica capilla Gótica derruida luego del terremoto de 1960. 

Su Santidad Pio X





Las corporaciones eclesiasticas, civiles, miembros de las sociedades particulares y de la prensa local asistierón de forma respetable. el retrato del excelentísimo Arzobispo Goyeneche fue conducido en proseción desde la Casa Consistorial hasta el local del Hospital con gran acompañamiento. En el lugar el reverendo Monseñor Holguín pronunció una hermosa y elocuente alocución , después hizó la bendición solemne del local con los rituales del caso y enseguida se celebro una misa, termina esta se empezó con los discursos a cargo de los doctores, Alejandro López de Romaña en representación de la familia Goyeneche haciendo entrega del Hospital al director de la Beneficencia, señor Manuel Guillermo de Castresana, y recibiendolo este en nombre de la H. Corporación.

Medalla Conmemorativa, Inauguración del Hospital Goyeneche febrero de 1912.


Portada de la edición especial del diario El Deber, por la inauguración del Hospital Goyeneche el  11 de febrero de 1912.


Las religiosas de la Congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl tuvieron el encargo de la Beneficencia de administrar y atender a los enfermos, como lo venían haciendo, desde 1848, en el antiguo Hospital de San Juan de Dios. 

Son recordadas con cariño y gratitud la Madres Sor Agustina Ficheux, primera superiora encargada hasta 1948, fecha en que falleciera un 15 de octubre, quien también estuvo a cargo del hospital de San Juan de dios en 1893.  Sor Concepción Medina, Sor Luisa Cerny Bifca y Sor Ana Herrera Medina, entre muchas otras. 

Foto: Diario "El Deber" octubre de  1948.

Foto: Diario "El Deber" octubre de 1950.

Sor Pilar Caycho, superiora de la congregación hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, recuerda bien los primeros tiempos. Ella fue quien creó el Departamento de Enfermería del hospital Goyeneche en 1967, cuando tenía 24 años.

En esos primeros años trabajaron en el Goyeneche 15 hermanas de esta congregación, quienes eran una suerte de supervisoras, que además ponían "orden y disciplina", afirma sor Pilar. "El hospital funcionaba en armonía, todos los trabajadores éramos internos, es decir vivíamos allí. Era como una comunidad", recuerda.

En esos primeros tiempos las Hermanas de la Caridad, quienes estudiaban enfermería, utilizaban también medicina naturista. Para los males estomacales reforzaban los tratamientos con "mates", los procesos bronquiales con recetas caseras basadas en miel y limón. Una jaqueca era  curada con rodajas de papa, recuerda sor Pilar Caycho. Eran otros tiempos.



Fue recién hasta el 21 de agosto de 1921 , cuando el monumento del Arzobispo José Sebastián de Goyeneche se inauguró frente al hospital  que él había donado a la ciudad, el Municipio decidió que en homenaje a la memoria de tan  ilustre personaje la avenida que da de norte a sur frente al Hospital se llame Avenida Goyeneche. Para abrir la avenida s etomo como base el terreno que la familia Goyeneche cedió en la frentera del hospital y se expropiaron 2 fundos para prolongarla a uno y otro lado, desde la calle del buen  retiro  hasta la Ranchería, pue spara loposterior se había mandado hacer el trazo de l aprolongación desde el Buen Retiro hasta Miraflores. Los fundos fueron de doña María E. Mollo y del señor Julián Escudero que se uso para formar el obalo frente al portíco del Hospital donde reposa el monumento que fuese hecho por el escultor italiano Giulio Tadolini, nieto del escultor Adamo Tadolini que hiciese el monumento a Bolivar en Lima.



 Postal de 1915.

Hacia 1930


El Hospital Goyeneche era uno de los mejores dotados de Sudamérica, contaba con 780 camas y todas las especialidades. En la etapa de sus inicios ilustres personalidades médicas trabajaron en el. Fue su primer Director y primer cirujano del hospital el Dr. Ladislao Corrales Díaz, con estudios en Europa. El sabio Dr. Edmundo Escomel Hervé, graduado en París, dio su aporte clínico y científico, realizando trabajos sobre las Aguas de Yura y Jesús, Tratamiento de Tricomonas con Trementina, Estudios sobre “Ccara Blanca”, Blastomicosis, Verruga Peruana entre muchos más. 

Av. Siglo XX por los años  20.

El Dr. Luis Alberto Chávez Velando, prestigioso oftalmólogo; Carlos Villarán, reconocido cirujano y anatomista; Dr. Juan Luis Moscoso Melgar, graduado en París con honores, impulso las modernas técnicas quirúrgicas siendo el primer jefe del Servicio de Cirugía. Recordamos al Dr. José Domingo Paz y Basurco, Alberto Ballón Esteves, Manuel Jesús Castañeta, Alfredo Barreda Landázuri, entre otros. La segunda etapa se caracterizó por contar con médicos graduados de San Fernando con estudios en Europa, que impulsaron el desarrollo del Hospital y la medicina en Arequipa, entre ellos están el Dr. Sixto Chávez Murillo, cirujano jefe de la Sala Santa Rosa, Dr. Samuel Lozada Benavente, jefe de la sala San Juan, Dr. Enrique Portugal jefe de la sala Santa Teresita, Dr. Carlos A. Ricketts, quien en 1929 fue Director, en esa época también prestaron sus servicios J. Abraham campos, Benigno Ramírez del Villar, J. Manuel Chávez Torres, Eduardo Pérez Araníbar, Alberto Sánchez Moreno, Jorge de Piérola, entre muchos otros. 

La Radiología se inicio en el Hospital en diciembre de 1917 con el ya mencionado Dr. Juan Luis Moscoso, quién posteriormente se dedicó a la cirugía, fue el Dr. Gustavo Corso Masías graduado y especializado en radiología en París, que con un moderno equipo francés impulso el diagnostico por imágenes en el hospital y en Arequipa ya que hizo el primer consultorio privado de rayos X. Contó con la colaboración del primer técnico radiólogo de la ciudad, el Sr. Naif Salomon Saurie, hombre múltiple, chofer de la primera ambulancia de Arequipa, una Chevrolet de 1939, y encargado de la Asistencia Pública de Arequipa. Mencionaremos también a prestigiosos médicos como el ginecólogo Rómulo Barrionuevo, Dr. Humberto Portillo, Dr. Javier Lazo Taboada, Dr. Alberto Jarrín Vera como pediatra, entre muchos otros. Por ese entonces, la administración estuvo a cargo del Sr. Jorge de la Guarda Vargas (1948 a 1961). 


Los terremotos de 1958 y 1960, golpearon fuertemente las estructuras del hospital y se inicia así una nueva época, la de reconstrucción, en las que tuvieron importante actuación en la Dirección Dr. Luis Ortiz Zegarra, con la colaboración de la Madre Sor Ana Herrera Medina, y médicos como los Drs. J. Postigo R., A. Morán Z. E.. Zegarra M., R. Zuñiga, O. Becerra C., C. Márquez B., entre otros. En enero de 1967, la Sociedad de Beneficencia Pública cedió por 30 años la conducción del Hospital al Ministerio de Salud, y en 1975 se crean las Regiones de Salud, pasa el Hospital a depender de ellas. En 1979 la Región de Salud lo denominó Hospital General Base, y posteriormente ha sido denominado Hospital de apoyo del Área de Salud de Arequipa.

Antigua postal de los años 20


Actualmente el hospital cuenta con 307 disponibles camas, Departamentos de Medicina General, Cirugía General, Pediatría, Gineco-Obstetricia y un Departamento de Oncología y Radioterapia que cuenta con una Bomba de Cobalto, radioterapeuta, cirujanos oncológicos, oncología clínica y enfermeras especializadas en manejo de pacientes oncológicos y quimioterapia. Cuenta con Departamentos y Servicios de Apoyo como Laboratorio, Farmacia, Diagnóstico por imágenes, Emergencia, Centro Quirúrgico y Consultorios Externos unificado entre otros. 

El Hospital Goyeneche de Arequipa, se ha venido transformando con el transcurrir del tiempo y por la necesidad de atención al paciente en una institución de servicio altamente especializado y de emergencia; se han venido capacitando a nivel del extranjero y perfeccionando el personal medico y personal en general caracterizándose por su alta eficiencia. Con el terremoto del 23 de junio del año 2001, las instalaciones e infraestructura se vieron completamente dañadas, a pesar de ello se Se continuo con la atención a los pacientes, pero iniciándose las gestiones para la reconstrucción y reforzamiento del Hospital a cargo del Dr. Jesús Tejada Zegarra, Director del Nosocomio y el Dr. Luis Lozada Núñez Sub Director; en constante coordinación con el PRONAME, ORDESUR, Banco Interamericano y el Consejo Provincial; estando como alcalde EL Dr. Juan Manuel Guillén Benavides. 

Finalmente se logro la partida para la reconstrucción de Las instalaciones como Monumento Histórico. El mismo que fue reinaugurado en el mes de diciembre del año 2002. Asimismo se obtuvo la herencia del Conde Goyeneche quien nos lego una Herencia la que será invertida en su totalidad en la Construcción de la Nueva Emergencia, la misma que albergara a todo la población de la ciudad, con extensión a la gran Zona Sur del Perú Recientemente el 08 de febrero como regalo al 95 aniversario Institucional se hizo realidad la firma del convenio con el Gobierno Regional para la Ejecución de la Obra presidida por el Dr. Juan Manuel Guillén Benavides. 

Para beneplácito de los trabajadores y de nuestra población arequipeña que concurre masivamente a los diferentes consultorios asistenciales como: Medicina con las especialidades de Gastroenterología, Endocrinología, Dermatología, Reumatología Cardiología, Reumatología y Nefrología de Cirugía con las especialidades de Traumatología, Neurología, Urología y Oftalmología y Otorrinolarinlogía en Ginecología con las especialidades de Colposcopía, Planificación familiar, y Ginecología y Obstetricia. Pediatría con los servicios de Medicina pediátrica cirugía pediátrica y neonatología, Oncología con los servicios de Medicina Oncológica aplicando Quimioterapia, Radioterapia y Cobaltoterapia, también tenemos servicios de colposcopía rectosisnoidoscopia y otras especialidades recientemente como La UCI. y el Servicio de Tomografía. 


El  11 de febrero del 2009, en el 97 Aniversario; fue al fin inaugurada la Nueva Emergencia, con equipos de alta tecnología y ambientes adecuados para brindar el mejor servicio de Recuperación de la salud de nuestra Población, la misma que albergara a todo la población de la gran Región Sur del País.

Urge revalorar este Monumento para que vuelva a convertirse en lo que un día fue: uno de los mejores hospitales del país.


Fuente:

  • http://www.saludarequipa.gob.pe
  • Diario el Deber, 1905, 1912
  • Revista limeña "Actualidades" 1905
  • Peru to-day. V.3 NO.1-12 1911-12